El Final de este estado de cosas. Israel Galván

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“... y en su frente un nombre escrito: Misterio, Babilonia la Grande, la madre de las fornicaciones y de las abominaciones de la tierra...”
 

Ensayando el apocalipsis

Cuando Eugenia de los Reyes, madre de Israel Galván, dio el título para esta representación, el largo trabajo del bailaor había llegado a su fin. O estaba en su principio: leyendo el texto bíblico –el libro como apéndice en tantos viajes tierra, mar y aire–, aproximándose de tan distintos modos –desde Los zapatos rojos hasta Arena siempre planeó sobre sus espectáculos la sombra de estas revelaciones–, estudiando las danzas más extremas –de la tarantela al butoh, y claro, el flamenco. No se trata de representar el libro completo del Apocalipsis, ni de mostrar in extenso todas las revelaciones que allí se encuentran. Se trata de leer el texto, de leerlo como puede hacerlo el cuerpo de un bailaor, encarnando, letra a letra los versículos, las frases, los subrayados que más le interesan. Echar las letras al pie de los caballos. Poner el texto al pie de la letra.

 


Mise en scène

Así, la puesta en escena, necesariamente, se convierte en una misa invertida. Con una intención clara de volcar estas letras desde el mundo flamenco: villancicos, saetas, salves y otros cantes acechando la liturgia. Un trabajo de lectura muy personal, tal y como solamente puede ser la comprensión de un texto como éste: terrible, canalla, enfermo. El cuerpo de Israel, su encarnación en sismógrafo, polígrafo y encefalograma. El baile casi como análisis filológico, alfabeto, dactilografía. Donde otros perciben emociones, expresiones, el bailaor está desplegando una serie de signos que, con atención, pueden leerse como un texto. La gran intuición de Israel, que la patá más que un simple juego o una destreza atlética constituye la más poderosa herramienta para trabajar un lenguaje propio del flamenco. La patá alcanza aquí dimensiones estratosféricas.

 


Babilonia

Una patá que derribará el mundo. Sabemos que llegará “el fin del mundo”, decía Pericón de Cádiz. Y hay algo en el flamenco, unas maneras, unas herramientas que nos enseñan técnicas de supervivencia con las que encarar cualquier pesar, cualquier catástrofe. Seguiriyas con dejes irónicos, bulerías de terribles letras. “Se hundió la Babilonia/Porque le faltó el cimiento/ Nuestro querer no se acaba/ Aunque falte el firmamento”, dice la soleá. “Caída es la grande Babilonia, y es hecha habitación de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles”, reza san Juan en Patmos.


Pedro G. Romero